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Panorama

La salsa es difícil de definir debido a su plasticidad, se trata de un ritmo compuesto de muchos ritmos de origen africano, cubano, puertorriqueño, entre ellos la rumba, del que pareciera emergen los demás: el guaguancó, el son, la guaracha, la plena, el danzón, la bomba. Aunque no existe una definición como tal, los críticos coinciden en que no puede entenderse como un género musical, sino como un estilo o forma que se basa en la combinación de ritmos afrocaribeños, de tal modo que la salsa es más un fenómeno cultural y social que puramente musical; retoma y da nuevo significado a tradiciones y las adapta a nuevas realidades. (López Cano 2009)

Existen entre todos esos ritmos, raíces africanas, cuyo análisis requeriría un  libro entero, pero basada en una incipiente escucha, me permito ejemplificar y advertir la delgada línea que hay entre géneros y estilos que derivan en composiciones tan híbridas, en piezas como “Mas que nada” (1966), publicada por la sudafricana Miriam Makeba, donde se unen la samba, el jazz y el reggae; asimismo, ocurre que en “Pata Pata” abre un piano muy al estilo salsero, además de la presencia de las claves que marcan visiblemente el tempo de la pieza; o en “Ha Po Zamani”, en que el ritmo de la percusión haría posible que la canción transitara orgánicamente a una salsa.

Miriam Makeba. Fotografía: archivo Mujeres bacanas.

Pero tal como conocemos la salsa en la actualidad, tiene su surgimiento, prácticamente, con la creación del sello Fania Records, fundado por Jonny Pacheco. La creación de este sello derivó en el fenómeno de una escuela musical de la salsa, que pronto fue estableciendo y acentuando una diferencia entre una suerte de salsa instrumental y una salsa ligera; salsa culta, validada por la intelectualidad, y salsa de ritmos sencillos, temas románticos y de fácil escucha.

Al respecto, existe una anécdota que bien puede tratarse de un mito, pero ejemplifica el contexto en que se genera dicha diferencia; el altercado de Héctor Lavoe con un hombre del público, en un club de Nueva York, quien le solicita que toque un danzón, el artista contesta que no y, ante una negativa y aparente comportamiento irónico y ofensivo, recibe un puñetazo cuyo resultado queda retratado en una de las portadas más icónicas del género. 

Sobre este suelo nacen algunos estilos como la salsa dura, en su mayoría de tema político y en que los instrumentos (piano, bajo, metales, percusión) tienen una mayor preponderancia sobre la voz; la salsa romántica, más suave instrumentalmente, con una base que suele variar poco, con mayor peso en la voz y en la letra, que versa sobre temas de amor y desamor; y la salsa caleña, que contiene sonidos de la tradición musical colombiana, en este último estilo se encuentran el icónico Grupo Niche y Guayacán Orquesta, esta última combina de manera magistral la salsa con el vallenato.

El papel de las mujeres en la salsa

En la salsa la mujer ha aparecido más como un tema y como una representación del baile, que como compositora y exponente. En un análisis de canciones de salsa de entre 1985 y 1990 se encontró que los discursos presentes giran en torno a la mujer en función de relaciones amorosas y encuentros sexuales, en espacios de confinamiento (el cuarto, la alcoba o el hogar); un tratamiento de la mujer frágil o malvada, donde su valor como sujeto queda reducido a los placeres y a la estética de su cuerpo (May Pérez y Pérez Florez 2014). En cuanto al baile, se ha analizado cómo en este contexto se reproducen los tradicionales roles de género; una mujer pasiva, pero sensual, en donde esa sensualidad resulta performativa e hipersexualizada (Schneider 2013). No obstante, su participación en este estilo musical, ha sido más allá que eso, muy relevante en su creación y su transformación. 

Mujeres que hacen salsa

(Este será apenas un breve recorrido de la participación fundamental de la mujer en este estilo musical, para ser nutrido y complementado, por otros trabjos aque aquí escriba o que otrxs escriban.)

El mundo entero conoce a Celia Cruz, quien incursionó en la salsa dura, de igual manera que La Lupe, su contemporánea. Ambas firmaron con la Fania; su primer disco en este proyecto lo grabaron en compañía: Celia Cruz y Jonny Pacheco (Celia y Jonny); La Lupe con Tito nieves (El rey y yo). Más adelante, ya consolidadas, firmaron con el mismo sello como solistas, lo que lleva a pensar que, quizá, existía una resistencia a la entrada de la mujer más allá de su papel de corista o de intérprete, como protagonista y compositora.

Celia Cruz publicó sus primeras canciones en compañía de la Sonora Matancera, siendo la voz principal de la agrupación, sin embargo, su primer álbum como solista surgió hasta 1965, con el curioso título: Canciones que yo quería haber grabado primero, que abre con un danzón titulado “Me voy pa’l pueblo”, pero que también contiene piezas como “Sun Sun Babae” y “Baila Yemayá” en que predominan los ritmos de salsa: guaguancó, son montuno y mambo. 

La Lupe, por su parte, publica Con el diablo en el cuerpo (1961) con el sello Discuba en Cuba, una combinación de ritmos africanos, boleros, guarachas, mambo, y letras potentes: “Hoy tengo el diablo en el cuerpo: Locura de verte/ Delirio de amarte/ Deseo constante de ti/ Lujuria de besos sin fin/ Hoy tengo el diablo…”. Una voz intermedia entre grave y aguda (mezcalosa, en términos de la poeta Aketzaly Moreno), con capacidad de vibrato y trémolo, al estilo Edith Piaf. 

La lupe. Fotografía de dominio público.

Ambas exponentes grabaron más de una veintena de discos, dedicando toda su vida a la música.

De tal suerte que, pese al enorme peso de la escuela de la Fania, figuras como Celia Cruz y La Lupe abrieron camino a una salsa muy rumbera (“¡azúcar!”), lo que representó un suelo fértil para la salsa hecha por mujeres. Dentro de esta tradición destacan artistas como Olga Tañón, quien, además, emplea elementos del merengue y la bachata, y Michelle Brava, compositora y cantante, cuyo álbum Brava (2009) contiene sonidos de la tradicional salsa en cuanto a la base en percusión, trompeta y piano, además de integrar coros masculinos. En sus letras proyecta la imagen de una mujer fuerte e independiente, todo ello enmarcado en el estilo salsa-balada romántica.

En este contexto, su canción “La que manda” y “La brava” se suman a una tradición de empoderamiento femenino en la salsa, en la que sobresalen composiciones como “Es que soy yo” (1960) de La Lupe; “Esa que soy yo” (2019) de Daniela Darcourt, representante contemporánea de la salsa romántica; “Una mujer como yo” de Mimi Ibarra, salsera chocoana autora de los álbumes A una mujer como yo, Compositora, Cantante, Mujer y Mimi Ibarra; a este motivo se integran también “La negra tiene tumbao” de Celia Cruz, así como los discos Una mujer como yo (1997), Mis tacones (2009) y Una mujer que canta (2013), de Albita.

Albita, de origen cubano-estadounidense y proveniente de una familia de músicos de guajira, es una de las salseras más talentosas. Se mueve con holgura en el “género”, integrando ritmos como el son, la rumba y la guajira. En el álbum No se parece a nada, en su versión de “Qué manera de quererte”, evidencia esta riqueza, en la que sobresale el uso característico de la flauta en el son. En la misma línea se encuentran sus álbumes Dicen que (1996) y Una mujer como yo (1997).

Asimismo, en Por amor a mi tierra (2023) Albita integra sonidos polirrítmicos en la percusión, además de retomar la tradición de la mujer sandunguera, alegre y parrandera. En este disco se aprecia un notable dominio vocal, grave y melódico, que logra equiparar la nota, la textura e incluso la vibración de los instrumentos, especialmente en canciones como “El manisero” y “Oye bien la clave”. Esta última pone en evidencia la estrecha relación entre el tempo musical y el baile: “oye bien la clave / que tiene la llave / suena”. Allí, los ocho tiempos de los pasos de baile se articulan naturalmente con los cuatro tiempos del son (o salsa-son), reafirmando la célebre afirmación de Celia Cruz: “Sin clave no hay son”.

Albita. Portada del álbum: Mis tacones.

Milagros Piñera es otra salsera talentosísima, una de las voces más deliciosas en cuanto a rumba se refiere. Nacida en Cárdenas, Cuba, especialista en en canto, guitarra y dirección, fue integrante de la orquesta fundada en 1998 por Klaus Braüer, compuesta por músicos cubanos, colombianos y austriacos, llamada Samnera, en que fue la voz principal, para luego ser sustituída por Dayana Izajar (caleña, quien cantara en bandas como “Ritmo Latino” y “Habana Melao”, cuenta con sencillos como solista en los que mezcla ritmos latinos, pop y salsa). Piñera también colaboró con la agrupación “Son Rumberos”, y junto a Daisy Jopling, en el dúo “Son Dos”, publicó Mañana mi amor (2003), cuya canción del mismo nombre se incluye en el álbum Leche condensada (2005) con la orquesta Sanmera.  En este último álbum se incluye un cover muy bello de “Fragile” en versión salsa, del compositor británico Sting.

Milagros Piñera. Fotografía: Markus Lackinger.

Además de ellas, existen otras músicas, compositoras y cantoras a las que se vincula con la salsa, a razón de tener en su repertorio musical, algunas canciones del “género”, pero que ejercían su arte de manera primordial en otros, como el bolero, el chachachá o el danzón. Entre ellas, La India, Carmen Delia Dipini y Olga Guillot.

Si hay tanto trabajo de ellas, ¿por qué no se les conoce?

A pesar de su talento y de sus colaboraciones con agrupaciones consolidadas, muchas de estas artistas no alcanzan el mismo reconocimiento que sus colegas varones, y tampoco resulta fácil llegar a ellas. Este fenómeno no es exclusivo de la salsa; también se presenta en la literatura, el cine o la pintura, donde históricamente los hombres están en primera fila, y las mujeres como una nota al pie. 

En cuanto a la salsa, esta situación puede relacionarse con diversos factores. Por un lado, que este estilo exige, tradicionalmente, una orquesta, elemento que implica altos costos de producción. En sus inicios, estas estaban integradas exclusivamente por hombres, de modo que una mujer compositora debía enfrentarse a un entorno profundamente masculinizado, en el que su sensibilidad artística y capacidad de dirección podían ser despreciadas o subestimadas.

Existe un vacío en torno al reconocimiento de las mujeres salseras, asociado quizá a la falta de patrocinio, de difusión, de interés por parte de la industria musical y del público, así como la influencia la Fania, que consolidó un fuerte canon masculino (aun represente un acervo de artistas y obras tan importantes, de sobresaliente manufactura y belleza). A ello se suma un sesgo sociocultural en la recepción de ciertos géneros musicales, donde las voces masculinas suelen asociarse con autoridad, intelectualidad y riqueza melódica, especialmente por el predominio de tonalidades graves. En contraste, las voces agudas o andróginas han sido aceptadas únicamente en determinadas expresiones musicales, lo que ha relegado a algunas intérpretes en la salsa.

Para pensar la salsa en el futuro 

Al mismo tiempo pareciera que la salsa se ha descentralizado del ámbito masculino, y ha sido retomada por artistas en general. Se nota un resurgimiento del “género” como parte del fenómeno de la vuelta a los ritmos tradicionales (no sólo latinoamericanos, quizá por un agotamiento de aquellos estilos gringos o europeizantes). 

De modo que se pueden reconocer voces femeninas como: la argentina Nathy Peluso (“Malportada”, 2025) ; la chilena Mon Laferte (“Callejón de los secretos”, 2025); la venezolana Irepelusa (“Amor de toninas”, 2026); la colombiana Karol G (Tropicoqueta, 2025; “Amargura”, 2023); la puertorriqueña RaiNao (“Sofocón”, 2025), la trapera Young Miko, quien tiene una bachata al lado de la compositora puertorriqueña Kanny García (“Es aboca”, 2024); y Cazzu (“Engerído”, 2025), entre otras. 

También se encuentra la agrupación colombiana de puras mujeres, llamada Son Mujeres, quienes cuentan con un EP con temas sobre la cotidianidad de las mujeres que dedicadas al quehacer musical, del mismo modo que un grande repertorio de versiones de clásicos de la salsa.

Lo anterior permite observar que es un movimiento que está tomando fuerza en toda Latam, en que las voces de mujeres en colaboración con varones o como solistas, refrescan el estilo de la salsa con miras a que surjan nuevas exponentes. Este texto, además de ser escrito para conocer sobre el tema, me gustaría que se convirtiera también en una invitación a ser receptivxs a otras voces, otros estilos, estéticas y letras; a sensibilizarnos e impulsar el gran trabajo de las mujeres en la salsa.

Bibliografía 

López-Cano, R. (2009). La salsa en disputa: Apropiación, propiedad intelectual, origen e identidad. Catalonia College of Music.

May Pérez, W., & Pérez Flórez, J. (2014). Representación de mujer en el discurso de la salsa romántica de los años 1985 al 1990 [Tesis de pregrado, Universidad de Cartagena]. Universidad de Cartagena.

Schneider, B. (2013). “In salsa, it’s okay to be a woman”: Legitimating heteronormativity in a culturally ‘other’ environment. Journal of Language and Sexuality, 2(2), 253–278. https://doi.org/10.1075/jls.2.2.04sch

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