Año 2026. Lugar Ciudad de México.
Querida Marilina:
Escribo con la pena que diera a una adolescente que ha hecho una carta con doblado de sobre para declarar su amor. Quisiera estar en un concierto en primera fila para gritarte algún piropo bien intencionado de esos que se acostumbran: «siéntate en mi cara», «hazme un hijo».
Desde que te escuché por primera vez con la canción El gordo, me dije: ¿qué es esto? Una letra como fragmentos de revista, todo tiene sentido cuando pienso que estudiaste publicidad; una sugerencia estimulante ante el ojo moderno, tú abofeteando a Robin (cualquier jefe de oficina): “cierren el orto/ están locos/ por favor, no se limiten con nosotros”; sentimiento en espiral que se acentúa para sentir libertad: “cierren el orto, cierren el orto, cierren el orto…”.

Portada del álbum Para quién trabajas.
Te he estado escuchando mucho, he leído que ganaste el Premio Gardel a mejor álbum artista femenina de rock por Prender un fuego, y que dijiste algo así: lo tomo como mejor álbum de artista sin importar el género; y mis ovarios palpitan, ¿se trata del famoso llamado de la naturaleza? También supe, por palabras tuyas, que antes sólo lo ganó Mercedes Sosa, y luego, después de años, se lo llevó una lesbiana.
Marilina con orquesta
Te decía que te he estado escuchando. En tus primeros discos, con tu proyecto Connor Questa, advertí sonidos estilo heavy metal del tipo Black Sabbath y Megadeth, ritmos a modo power chords con distorsión, aunque con una batería que privilegia la potencia, en lugar de la rapidez: golpes fuertes y definidos se roban la atención de la escucha, se sienten en el tórax. También hay un montón de grunge (¿te gusta Hüsker dü?), algunas canciones me recuerdan, en cuanto a la saturación de la guitarra, a The melvins y Sonic Youth, esta última banda, ves que tiene esa forma particular de concluir “Diamond sea” con una guitarra que agoniza, se despide perennemente con elementos de experimentación sonora, pienso en automático en algunas piezas de Pauline Oliveros y Penderecki, se les parece en el sentido de una música que llega a incomodar y a alterar; sabes que está acabando pero no se sabes cuándo. A todo eso me recuerda: “Acoples”, de tu disco Somos partes.
Marilina y la música
Me pregunto, ¿por qué si no estudiaste canto lo haces así de bien? Lo mismo ocurre con tu forma de componer y de darle vida a esas composiciones, la respuesta es, justamente, porque no estudiaste música. No tienes ninguna amarra, en cada álbum te vas liberando más.
Estaba especulando sobre si las personas tienen una predisposición a la música, es decir, biológicamente, como Dizzy Gillespie, a quien al tocar la trompeta se le inflaba hasta el cuello, de modo que contaba con una gran potencia y aliento para alargar las notas antes de volver a tomar aire. ¿Tú tendrás algo en tu garganta de lesbiana, que te lleve a utilizar la voz de manera tan variable y afinada como la utilizas? Me lo pregunto, también en el sentido que le escuché a Edson Velandia: no todos podemos desarrollar la habilidad de tocar con maestría un instrumento, pero todos podemos desarrollar la escucha. Entonces dime, ¿cómo hiciste para crear esta música? ¿Te emergió de las vértebras o nació de un pedazo de tu cerebro después de un fuerte dolor de cabeza?
Es raro, en el sentido de poco común, escuchar una voz de mujer que se ajuste a la instrumentación del amplio constructo llamado rock; subes y bajas de volumen, lo mismo que de tonalidad; casi gritos con momentos suaves, sin desafinar, así como los pioneros usaban los estilos raspy voice o death growl, que se fueron haciendo tradición; en la tradición de mujeres cantando rock con estos elementos, propongo a las mexicanas Cecilia Toussaint con su disco Arpía, y Kenny y los eléctricos (por ejemplo, su canción “No huyas de mí”), y, por su puesto, a Courtney Love, en la que veo muchas correspondencias contigo (esta sección puede engrosarse un montón, pero de momento sólo pienso en ellas, quizá entra también María Gabriela Epumer, que sé, te gusta mucho).

Sesión para Mojigata. Fotografía de Guido Adler.
Marilina consigo misma
“Amuleto” es una de las canciones que más me gusta: en colaboración con Javiera Mena, teclado con efecto de grabación vieja que empieza a correr, una voz emergida de esa cinta, una cadencia que habla: “bruma en la estación, ahora que te vi/ me acordé de vos, ahora que te vi… / es un secreto más grande que otros/ un amuleto que me aleja un poco/ es muy importante que lo sepas porque es…/nada, es todo lo que espero, nada», entonces me pregunto: ¿un amor secreto es un amuleto? La letra, protagónica en la medida que dialoga con esta balada new age, en la que hay una batería que funge como si fuera una guía del tiempo, el tiempo lento de la tristeza; deja el llanto para el teclado que entra con un sonido de campanadas premonitorias. Finalmente un gemido, casi un grito, de dolor.
En “La cena” retomas el sonido rockero de la guitarra con distorsión, con una voz como extraída de una grabación, como reproducida en una bocina que no alcanza a digerir los bajos. Ambientado el video en una vieja casa en la pampa argentina, tú caracterizada de gaucho, llena toda de simbolismo de lo «profano» y lo católico, un beso indirecto a la cruz, un hacer el amor en el “hogar católico”, infunde un poder tremendo a la canción: “You used to be so bold, I’ll meet you donde quieras/ Used to feel control, now you work como mi perra/ Te falta mucho para hablar de mí como hablas…”. Por cierto: ¿Por qué dejamos de ver los videos como medio de completar el sentido de una obra musical?
Después de tu proyecto Connor Questa, tu estilo se suavizó sólo en los primeros discos, ¿alguna muerte te habrá pasado cerca en esos momentos? En La presencia de las personas que se van, hay un uso predominante de la guitarra electroacústica, salvo en “Nada” compuesta con base en un piano categórico y solo (nada más melancólico que el piano solo desde Schumann). Fue una etapa muy reflexiva, sobre ti, sobre la vida y lxs otrxs.
En Sexo con modelos muestras una voz más firme en el terreno, le metes un grunge bastante atascado, por ejemplo, en la canción del mismo nombre que el álbum, este ritmo me parece ideal para hablar de las expectativas y mandatos sobre la belleza: “¿Qué más habrá que ceder para que todo esté vivo?/ ¿Embellecer, según quién?/ Somos la muerte de un ciclo”. En este disco retomas la guitarra eléctrica pero con un rock reinventado, no tan “clásico” sino un estilo Bertoldi; no caricaturizado, sino más crudo, estallidos de guitarra en “Mdma”: Vivo estando loca y ya no pega más/ Ya no pega más/ Ya no pega más/ Vivo estando loca y ya no pega más”

Para Rolling Stone. Fotografía de Ariel Grinberg.
En Prender un fuego empieza a sobresalir la idea de experimentar con la voz, de performancearla, hacer voces como si se tratara de varias Marilinas, intención que llega a su punto álgido con “Pucho”, en que empleas varias tonalidades y sonidos, además de la deformación con ayuda de la tecnología (como cuando bajas o subes la frecuencia sonora). “Pucho”, que te ha acompañado a varias sesiones en vivo, te sale excelente en esos momentos, no hace falta la distorsión grabada, tus mil voces salen naturalmente. Que esta canción sea parte del disco Mojigata, tiene mucho sentido debido a que, justamente, no tiene nada de puritana. Hay mucho erotismo y experimentación musical. Leí en una entrevista, que te sabes de memoria algunos fragmentos de un concierto de James Brown, lo cual vuelve a tener todo el sentido del mundo: Marilina, eres mucho de esa machine sex, extrovertismo, seguridad. Te amo.
En tu último disco metiste ritmos sintéticos (me gustaría saber por qué, aunque quizá nunca lo sepa), alternados con guitarra eléctrica (lo constante, lo parte de ti), como si sustituyeras la batería por estos golpes de ritmo, es un ritmo ligero, en comparación a los otros, no por eso sencillo. Una canción enigmática del disco es “Monstruos”: experimental, lenta, con uso de silencios prologados y ritmos que sugieren un ambiente sórdido, trompetas selváticas, y tu voz, nuevamente, distorsionada. Me encanta que te guste alterarte, distorsionarte.
Algo que te admiro mucho es lo precisa y sucinta que eres, no hay canciones de más ni de menos; discos cortos con una idea que se refuerza, gracias a una visión global que es posible por la razón de ser breves. Once canciones, el máximo hasta ahora.

SALA #04. Museo MALBA en colaboración con Sony Music Argentina.
Eso es todo lo que quería decirte. Espero que hayas podido arreglar las cosas con Elena, y que pronto vuelvas a la Ciudad de México, porque esa vez no me enteré.
P.D. Otra cosa que también aumenta mi flujo sanguíneo en la zona pélvica de forma drástica es cuando dices que no es que el rock haya muerto, sino que el rock de los hombres ha muerto.
Atentamente, Tania
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