Miércoles es mi día favorito de la semana desde que ejerzo mi razón. Últimamente, a fin de no dejar pasar este día sin gozarlo, todas sus noches me hago un café muteado para ver un capítulo de La Renaixença antes de dormir.
Hace poco vi un episodio donde salía Remei de Ca la Fresca, un grupo que me gusta fuerte. Conocí a la banda por la versión que hace de “Paper Planes”, de M.I.A. “Remei” aprovecha el ritmo percutido que se marca en la introducción del tema no sólo para exprimirlo hasta fortalecerlo en una especie de anapesto, sino también para volverlo directamente una sardana, que es una danza de gran arraigo en Cataluña. En el clip aparecen la Xantal, haciendo corro con unas personas que bailan tomadas de las manos, y la cobla, un grupo de músicos que acompaña la danza con instrumentos tradicionales.
Por supuesto que estos güeyes van a estar bailando una sardana, pues tiene en su entraña motivaciones políticas, “la adoptaron los partidarios del republicanismo como respuesta a los carlistas”. Aún hay más: “El vínculo emocional y de identidad entre pueblo y sardana fue muy explícito en las épocas represivas de las dictaduras de Primo de Rivera y de Francisco Franco. Si bien la sardana era una expresión de libertad y de catalanidad, también era la excusa para perseguir y represaliar a los activistas.”. Por eso, la danza del videoclip prepara la cancha para merecer el ocio que da una tarde en la arena mediterránea y para que con su voz de chicotazo mojado la Xantal, letrista y vocalista, cante:
"Vuelo o soy un avión de papel,
si me pides el DNI,
no te lo daré,
mi nombre va en el viento
¿o no lo sientes?
No te dirá quién soy
una puta identificación
[…]
Todo lo que queremos
es okuparte tu 'casita' de playa".
(Miércoles en la playa)
En el programa, Xantal y Artur interpretan “Fusta d’artista” (“Madera de artista”), otro tema también de contenido político (dice Xantal que sus conciertos parecen noticiero de tv). Peyu, el conductor, les pregunta qué música escucha la banda. Mencionan dos o tres nombres, no recuero cuáles, pero qué emoción cuando Xantal dice “Mar Pujol”. Sentí que por el gusto en común ya podía venir a comer a la casa, ¿también le gustarán las manitas de puerco?

Sólo otro día más de despensa
Mar Pujol llegó a mi vida en otoño, casi obviando con la temporada el carácter de su propuesta, afín a las mandarinas, al color que toma el barro con la calabaza en tacha, ¡qué va a saber Mar Pujol de copal!, pero le viene tan bien como una cempasúchil prendida en su perfil izquierdo.

Cançons de rebost (Canciones de despensa) salió en 2024. Supe cómo se llamaba el álbum después de haber escuchado las piezas, por eso, ya reunidas, el título me pareció chistoso y al mismo tiempo un gran gesto, no sé si intencional. Lo relacioné con esos poetas que, casi no queriendo ser vistos, bajo un título sencillo componen un libro de superior belleza. Poesía de paso, como si cualquier cosa una se hallara en el camino, nombró Enriqu Lihn al texto que le dio el Premio Casa de las Américas en 1966; o decirles “poemínimos” a unas mariposas enloquecidas que, incluso, inventaron un género.
En ese orden meto Cançons de rebost; me remite a lo sencillo: una sopa de lenteja molida que llega a la mesa luego de un proceso que si bien no es complejo, exige atención y cuidado. Es una comida simple si se quiere, pero pulsuda y aromática cuando una le deja caer cuatro gruesas rebanadas de banana frita en aceite 1-2-3. Pienso también en los espacios íntimos de lo cotidiano (casi diría doméstico) y en aquello que nos sostiene metafórica pero sobre todo físicamente.
Bajo este nombre sencillo, Mar Pujol –¿cómo le dirán sus amigas de Prats de Lluçanès? – reúne diez canciones que parecen de amor romántico, pero a mis ojos se manifiestan como un pretexto para hablar tan sólo de poesía.
La mayoría de los temas se sostienen con tres elementos: su voz de diente de león, una guitarra arpegiada y las letras. Como callando canta; siento cómo le viene la voz desde el interior, afuera parece que cantara puro aliento.
Ay, me acuerdo de la Vashti Bunyan en Just Another Diamond Day (1970). Un álbum que a veces me provoca ganas de matarme, ¡no se puede ser tan bucólica y feliz! No obstante, caso peculiar, cuando salgo de ese trabajo me siento devastada, ¿será su voz triste encima de la guitarra?
Mar y Vashti apuestan todo a la voz y a la intimidad de una instrumentación discreta, apenas un cajón (¿o es un bombo?) representa las percusiones que con Vashti están anuladas; estoy segura de que hubiera amado todo de «Verd avellaner» («Verde avellano»). La melodía, que a ratos descansa en un tarareo nasal y suave, la armonía y estos versos:
"Llévame allá donde dices
que hay
luciérnagas de luz"
Pero un poco más cercanas en su profundidad lírica son las letras Lhasa de Sela, quien canta así como rompiéndose, como si fuera mexicana, que de hecho lo es💅. «De cara a la pared» abre así:
"Llorando de cara a la pared se apaga la ciudad. Llorando y no hay más, muero quizás ¿adónde estás?" En "La princesa de sal", dice la Mar Pujol: "En la noche me marino la piel y así parece que el tiempo no pasa aunque cuece la herida, lo haré para encurtir mi carne, lo haré" En una aparente sencillez, esta música, de una u otra manera, te obliga a ir hacia adentro, por más bucólico que sea su mensaje. En “las ciudades apagadas” de nuestros paisajes interiores es donde está lo que “cuece” la herida; la música nomás la activa.
La llorona
Qué momento más bello paso en “La ploranera” («La llorona»); metida en la habitación de una mujer que llora y con este acto invoca elementos abstractos y naturales que, al ser personificados, suman sus motivos para llorar. De fondo, el eco de estas formas que han acudido al llanto, que es también otro modo de cantar.

El testamento: «Ni la eternidad es tan severa ni el chocolate tan ligero»
Hace poco leí que “Per cada u” (“Por cada uno”) es un testamento:
Sin sentirse presionada por seguir la estructura típica de una canción pop, Mar Pujol dice adiós a los estribillos en el testamento que supone ‘Per cada u’
Cuando despegué mis ojos de estas líneas, todo me hizo sentido.
Llegué a esa definición a raíz de buscar algo que me arrojara más luz sobre los versos finales de la pieza, éstos me hacían pensar (dudar) que era un tipo de nana, lo cual no podía conectar con el resto del tema, que, a mi parecer, en nada remitía a una canción de cuna. Pero siendo un testamento, esta pinche canción puede ser lo que quiera, porque obviamente el arrullo que se canta antes de morir, digo, de dormir, es también algo que se transmite:
"Y para cuando crees que tienes la razón
un péndulo que te diga que sí o que no,
para dar la luz un biberón
y un latido por cada corazón"
o estos otros:
"todo se mueve solo
no es necesario que mezas la cuna"
Escasa de sesos, veo luego que no tendría por qué tratarse (¿únicamente?) de una nana sólo por el hecho de que mencione cuna o biberón. El tema, lo miro entonces, se trata sobre la vida y su equilibro, y va parejo, con escenas que son justas: cada abril tiene su vaso de agua y cada muerte, su verso. Acá la pieza se permite la irrupción de algo semejante a un bombo, un conjunto de cuerdas sintetizadas que abren el espacio, guitarras acústicas y la voz de la joven Mar Pujol sobre su propia voz: “una canción por quien la escuche/ y esta guitarra que tengo por quien la toque”. Cierto, todo está dado, no es necesario que nadie mueva ni agite nada. Tenía apenas 25 años y ya estaba repartiendo el mundo con sabiduría. Escribo esto último como si la Mar hubiera muerto, pero es sólo la sensación de escuchar su testamento.
Por cada uno
Una flor cada mañana
un vaso de agua por cada abril.
Todo tiene su lugar
y todo baila alrededor del fuego.
Una muerte por cada verso
la belleza en tu gesto.
Todo se mueve solo,
no es necesario que mezas la cuna.
Un regazo por cada cabeza
y una caricia por cada pena que has pasado;
tomillo por el dolor de garganta
y un remedio para no acabar estropeando el mundo.
Todo brota del fondo
de un magma dulce.
Un solsticio en cada polo,
una noche por cada sol;
un dibujo para tus ojos
y soñar por vernos juntos.
Una canción por quien la escuche
y esta guitarra que yo tengo
por quien la toque.
Una pausa para saber apreciar cada silencio
y sentir en el oído un susurro
para probar un trozo de universo,
y para cuando crees que tienes la razón
un péndulo que te diga que sí o que no,
para dar la luz un biberón
y un latido por cada corazón.
Mar Pujol elige esta pieza para presentar sus canciones de despensa:
En una despensa no pasa nada. No pasa más que la oscuridad prolongando la vida de la comida que reposa. En Cançons de rebost quiero poder guardar los hechos cotidianos en el mismo estante que los trascendentales. Ni la eternidad es tan severa ni el chocolate tan ligero
, dice esta niña sabia.
y como un viejo saberlo todo
Es en “L’hora justa” donde más en casa me siento, quiero decir, más en mí, en la familiaridad de “tots els racons” (“todos los rincones”) que son míos y para mí, aunque altamente suceptibles de ser compartidos. El tema “no está limpio”, algo corre en donde debería haber silencio, pueden ser viento, voces, el mar, la marcha de un tren sobre las vías. Es el ruido lo que se va minando: “Menguar el ruido”, arranca el primer verso. Y a lo mejor es injusto no hablar de su arreglo de cuerdas (el cuarteto, por cierto, ligado siempre a lo privado y próximo), pero más significativo me parece el mero cierre: los ladridos de un perro. Para quien ha vivido con ellos, qué familiar le ha de resultar este momento. Algo más queda después, ¿Mar se está riendo o llora? En ese gesto que nos llega sólo por oírlo, se revela lo confidencial nuestro que ocurre tras la puerta, eso de íntimo que tienen nuestros espacios personales pero que compartimos con la otra: alguien nos escucha.
"Y como un viejo,
saberlo todo,
como un brote tierno
que lo puede todo
[…]
para reencontrarme
a la hora justa
y hacerme grano"
Al final, resulta que sí hay una canción para llevar al lecho de sueño, aunque suene más a una balada folk o a un blues que a un arrullo de cuna. Con “Cabell d’àngel” se cierra el álbum, se acaba el café y a dormir.
"Mientras duermes quiero decirte pocas cosas
para que puedas tomarlas en tazas de té
y entre trago y trago
recuperes el aliento
Mientras duermes quiero decirte pocas cosas
y mientras menos me explico
más me gusta como suenan
[...]
Mientras duermes quiero decirte pocas cosas
por si se escapan tengas tiempo de atraparlas
y anidarlas como un tesoro
y resguardarlas del viento que viene del norte".

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