Una conversación transcurre. Se escucha la voz de un hombre ñero, como un monólogo: “Qué pedo mi Chris… chale carnal, tenemos que robarnos algo o a ver qué…”, mientras fuman mota (se oye cómo se quema el papel de arroz cuando aspiran), se escucha una lata de aerosol: “ese wey está pintando ahí otra vez”. Se oye la sirena de la policía a lo lejos; “ahí vienen los elfos…puta, los odio”, apagan su porro. Se oye la puerta de la patrulla cerrar, se oyen ladrar los perros (callejeros), luego unos balazos, matan a alguien, no se sabe a quién. “Oh, verga, verga, no mames wey, ya se pasó de verga, vámonos, carnal, a la verga también nosotros mejor…hijo de perra…”. Quedan los gritos de mujeres sonando, gritos ya hechos música, como un efecto, entonces empieza el perreo:
“tengo/ vengo con un flow de NASCAR,
con miedo a morirte,
pai, mejor ni nazcas…”
Es el “Intro” del álbum Rosa la maldosa (Parental Advisory. Explicit Content). ¿Cómo empezar a hablar de toda esta maravilla sucediendo en un sólo concepto: DJ Rosa Pistola?

Fotografía tomada de su IG.
DJ Rosa Pistola
Mujer colombiana y migrante, transita en la periferia de la CDMX y del Estado. A Tecámac le dedicó su álbum del mismo nombre; en una de las canciones que lo componen, canta el3ment: “yo no soy monoso/ pero ando bien activote”. Me parece una genialidad la forma en que hace emerger de la música, a un ya arquetipo del barrio mexicano. En su portada aparecen las casas de colores sobre el cerro, el cablebús, las azoteas con los triques y la ropa. Este disco, creado en colaboración con otros DJ y reguetoneros, transmite el léxico y los sonidos propios de «la calle». Tecámac para ir al tianguis, para descargar el camión de res o de verduras, para lavar el menudo, para tirarle un pan al solovino, para chiflarle a tu carnal, para gritarle al de enfrente que ahi va el diablo.
Lo fascinante es que esta música contiene aquello que socialmente se rechaza por completo, un desfile de lo que no se quiere oír: voces barrializadas, ñeras, obreras, distorsionadas, onomatopeyas incómodas: taka taka taka taka taka, pau pau pau pau pau; gemidos de mujeres, de animales, de cabras, chiflidos, repetición cruda tipo clipping y build-up, además de ritmos cumbiancheros en loop (Manuel M. Ponce estaría infartado). Es de lo esperpéntico (de paso, la pongo en la misma tradición que a Valle Inclán). Diría que son sonidos limítrofes, que plasman una estética incómoda.
En su último álbum, Mi cordillera, dedica sus ritmos a siete países: Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, sin embargo, suena todo tan mexicano (y quizá más para el sur alguien diga: “pero suena tan peruano”); combina de una manera inteligente la cumbia sonidera (posible gracias a la denominación de origen: Lizandro, Landeros, Celso Piña, y tantxs más…) con el reguetón, más otros ritmos tradicionales latinoamericanos.

Fotografía tomada de su IG.
Este disco tan precioso, como hemos dicho, parte de una base de cumbia sonidera a la que se añade el perreo; se alternan o superponen, ¿han observado que en el barrio (sobre todo en Neza; en ciertos de la GAM, en la CTM por ejemplo; en Atizapán, se escucha mucha cumbia sonidera, pero también guaguancó, cha cha chá, son cubano y montuno, de modo que una puede estar bailando “Las amo a las dos” y después “Yo no soy guapo” de Vicentico Valdés, y de ahí pasarse a las “Luces de Nueva York” de la Santanera, que justo sale al paso en esta bajada natural? En las fiestas pondrán una que otra salsa, pero la cumbia domina las almas, además de que se baila marcando muy bien el tempo. Quizá por ello, los sonidos latinos elegidos por Rosa conviven de forma orgánica y dotan de mucho sentido a las composiciones, no hay canción vacía.
Este disco (Mi cordillera) tiene un «Intro» en el que se advierte una flauta al lado de un palo de lluvia, lo que da la impresión de estar en el campo, al lado de un riachuelo. En la canción «Chile» entra un cilindrero, como preludio a una cumbia sonidera andina, en la que sobresale un instrumento parecido a la clave de madera, que va marcando el tiempo; se va convirtiendo de a poco en un reguetón, qué maravilla. Para «Argentina» ocupa algunos ritmos de cumbia santafesina, aunque advierto también algunos ritmos de cumbia villera. En la canción «Bolivia» incluye un estilo parecido a la morenada, muy pegajoso. En «Ecuador» destaca algo parecido a la zampoña o la quena. Al ser un álbum en que se combinan ritmos, pero es, en términos generales, de cumbia, veo que el estilo colombiano, venezolano y mexicano son muy similares; me gusta pensar que existe una única forma de sentir la cumbia, aunque muchas maneras de hacerla. Este trabajo se une a la tendencia actual de volver a los sonidos tradicionales.
Perreo mexicano
Aunque el perreo mexicano o reguetón mexa es una variante surgida del puertoriqueño, que se caracteriza por ritmos acelerados, argot y temáticas de vivencias del barrio, y se vincula normalmente a figuras como Bellakath, El Malilla, El Bogueto, Yeri Mua, Uzielito y La Cachirula, el de Rosa es otra cosa.
El disco Línea del sexxx (más antiguo que todos los exponentes anteriores), abre con sonidos de felaciones, para después gritar: “perreo pesado”, este es el nombre con el que me parece que Rosa Pistola y los mexicanos under llaman a un nuevo género; además de lo erótico (sí, dije erótico, porque la división entre lo erótico y lo pornográfico, sólo es una cuestión de clase, de buen gusto y mal gusto), las letras crean un ambiente “criminal”: delito y sexo, con lenguaje explícito y saturación musical es el perreo pesado. Las personas con tendencia a la censura dirán que ya mucho tenemos con el reguetón hipersexual, ¿para qué añadirle esta atmósfera delictiva? Me parece necesario que toda salvia, que tiene las condiciones adecuadas, nazca en la banqueta rota, en el bache, en el terreno abandonado, porque reafirma su existencia: esto sucede, está vivo, la gente puede aferrarse a la vida en las condiciones que parecieran las más hostiles para ello, así que súbanle:
“Welcome to de sex line…
mami, yo te llamo por la línea del sex,
dime cosas lindas que ando code in flex,
voy a devorarte como si fuera un T-rex,
yo soy tu maliante desde la ciudad de Mex”
¿Se romantiza la violencia del barrio en sus canciones? Mi respuesta es que hay cosas que te invitan a irte, tan pronto llegas, como una silla de metal, de cantina, y aún así, te quedas por horas. Se trata, además, de una visión panorámica, de una fascinación por un mundo en el que resuenan otros lugares de latinoamérica, nuestros barrios hechos música.
¿Música o ruido?
El compositor mexicano, Mario Lavista, en su discurso de entrada a El Colegio Nacional, mencionó: “El sonido y el ruido son en esencia sonoros, valga la expresión, antes de ser musicales. Sonoro es todo aquello que percibimos auditivamente, musical ya es un juicio de valor. Es el contexto cultural del oyente y su intención al escuchar lo que permitirá calificar estos elementos como musicales”, este punto de vista, forma parte de una perspectiva sociomusical, con detractores que se decantan por la forma en que se concatenan los sonidos. En este discurso citó Silence, texto en que John Cage afirma: “Donde quiera que estemos lo que más oímos es ruido. Cuando lo ignoramos nos molesta. Cuando lo escuchamos nos parece fascinante”; la música de Rosa está hecha de este modo y para mirarse desde esta perspectiva, definitivamente, tiene mucho que ver con la tradición que se puso a ensamblar sonidos de helicópteros, claxons, murmullos de aglomeraciones; o de quienes se pusieron a tocar una pieza por los aires, para que todo ruido, incluidos los de la máquina, se unieran a la composición; estos (los de Rosa) también son ruidos de la ciudad, también se echa mano de la electrónica, de “la máquina”, sólo que hablan de cosas que, regularmente, provocan aversión.
Una cosa que llegó con la atonalidad, para luego volverse un caos y reformularse, es la idea de que la música no está hecha sólo para ser bella, armónica, melódica, sino para múltiples sensaciones, se abrió, a partir de la ruptura de la tradición, de las vanguardias, de la experimentación, un amplio espectro que nos permite acercarnos a la música, de una forma menos infantil, algo como madurar el paladar.
La música de Rosa está hecha de ruidos, de sonidos que son parte de un espacio, del espacio enorme de una ciudad en sus orillas, que se asentó en el horizonte, de calles sinuosas y empinadísimas, donde se hace buena pierna, es una música para internarse en el lugar «inhóspito» y bailar, si no caes en esta provocación, no podrás disfrutar de su trabajo.
Imaginario barrial
Los temas en las canciones de R. Pistola mencionan al crimen, el sexo explícito, el baile, bellaqueo, perreo, la hostilidad de la ciudad, retratada como un espacio digerido por sus habitantes, para pasarla bien; mujeres fuertes que sobreviven y se imponen en este contexto: “son pollitos/ aunque se me pongan en grupitos…”; estos temas son presentados sin filtrar el lenguaje; el ritmo va con el habla ñera en octosílabos, la rima con las palabras cotidianas, lo que hace que la cruda realidad se vuelva una metáfora de sus cosas buenas y malas; todos ellos se mezclan en cada canción, un imaginario que no puede existir sin todos los elementos presentes.
Por ello, sus recursos visuales también suman a este imaginario: el grafitti, el bajo presupuesto (Word Art), saturación de colores brillantes, calacas con letras góticas y en luces neón, dibujos deformes, lo monstruoso; el barroco citadino: imagen, música y sonido son el collage de un mundo apartado: del mundo que no se muestra, el que no sobresale por mucho que lo beneficien las tendencias; tal como sucede con el rock urbano, que se pierde en las ventas y los éxitos mundiales, por su habla ñera, sus temáticas marginales: violencia intrafamiliar, alcoholismo, drogadicción, suicidio, situación de calle, violaciones.
Los de Rosa son discos cortos, para pasarla bien en 20 minutos, salvo Rosa la maldosa que tiene 41 minutos de música erótica y de gente hablando de lo que vive y siente.

Aunque hay muchas voces masculinas en su trabajo, también tiene colaboraciones con reguetoneras y un disco Tributo a La Mulata, se trata de una de las figuras legendarias del reguetón underground. Originaria del Bronx (de ascendencia dominicana), se dio a conocer por cantar remix, y por su producer tag: «Es La Mulata, la que arrebata».
Salgamos de aquí con esta imagen: suenan las sirenas de las ambulancias, voces distorsionadas, típico sonido de electrónica sonidera, antes asociado a bajo presupuesto, ahora todo un estilo: tra, tra, tra, tra, de vuelta al barrio, tra, tra, tra, tra:
dame con la estaca taca, taca taca taca taca
dame con la estaca taca, taca taca taca taca
de noche y de día, cuantas veces yo te diga
dame dame duro, duro dame duro
dame dame duro, duro dame duro
Sonido como de descarga eléctrica que cae y se vuelve suave o bien punchis, punchis, punchis…
dame dame duro, duro dame duro
dame dame duro, duro dame duro
Sonido como de descarga eléctrica que cae y se vuelve suave, un punchis y una voz sonidera distorsionada con palabras inaudibles. Definitivamente es la patrona del underground: Rosa Pistola.
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