Cuando un reel tiene un fragmento de uno de mis videos favoritos, no importa cuántas veces lo haya visto, no puedo dejarlo pasar, me siento imantada a mirarlo lo que dure. Eso me sucede con un video muy famoso del Papa Francisco. Si no me equivoco, en 2018 oficia un evento en una parroquia de algún lugar de Roma, el cual inicia con la invitación a que niñas y niños le formulen algunas preguntas. Hay un bambino que, aunque quiere preguntarle algo, no puede hacerlo; la vergüenza, o a lo mejor el miedo de condenar alguien muy amado, si hace esa pregunta, le impide llevarla adelante. En cambio, comienza a llorar. El Papa, muy a lo Jesucristo, lo llama a su lado: “vieni da me e dimmelo all’orecchio” (ven a mí y dímelo al oído). El niño le cuenta todo sin contener el llanto. Jorge Bergoglio y Emanuele mantienen un breve diálogo y al final el pequeño vuelve a su lugar. El Papa, con permiso de Emanuele, nos revela lo que acontece en el corazón del niño: “Hace tiempo que mi padre ya no está. Era ateo, pero bautizó a sus cuatro hijos. Era un hombre bueno. ¿Está en el cielo papá? Qué bonito que un hijo diga que su papá era bravo (bueno) […] Dios seguramente estaba orgulloso de su papá, porque es más fácil que, siendo creyente, bautizara a sus hijos que siendo no creyente los bautizara, y seguramente esto le ha gustado mucho a Dios”. El Papa le pregunta a la multitud, “¿Ustedes piensan que Dios sería capaz de abandonar a un hijo suyo cuando es bueno (bravo)?”. “¡No!”, le respondemos.
“Emanuele, aquí tienes la respuesta”, le dice y señala al cielo, “habla con tu papá, reza por tu papá. Gracias, Emanuele, por tu valentía”. Emanuele llora, pero ya tranquilo, en su sillita, y yo lo acompaño atrás de la pantalla.
Me conmueve el modo en que Jorge Bergoglio ha dado consuelo al corazón de un niño pequeño que carga con el temor, y tal vez una culpa que no le corresponde, de que su padre no esté en el reino de los cielos. Ese gesto no deja de hacerme pedazos. Y ni modo, cuando me sale ese video, tengo que verlo aunque no haya hecho planes para llorar ese día.

Eso pasó hace pocas noches; después de secarme los ojos, quise seguir adelante con mi vida, pero apareció otro de los imprescindibles.
Ala blanca, cómo extraño mi sabana hermosa
Quizás uno de los momentos más importantes para la historia de la música de nuestro continente haya ocurrido el 20 de julio de 1979, aunque lamentablemente no sucedió en territorio americano, sino en Suiza, durante el Festival de Jazz de Montreux. El reel, de apenas uno o dos minutos, me obliga a buscar la presentación completa de Elis Regina y Hermeto Pascoal, dos titanes de la música de Brasil y del mundo. Hermeto, ese homo musicalis que extrajo música hasta de las piedras, hermoso y genio maldito, se sienta al piano y comienza a versionar “Asa branca”, un clásico del cancionero popular brasileño. Elis Regina, una de las cantantes más cabronas de la historia de la música, tararea algunas frases musicales antes de entrar de lleno con la canción. ¿A qué asistimos? A una de las improvisaciones más inauditas que se hayan hecho. Elis jinetea sobre la propuesta de Hermeto, ¿de dónde le viene la voz? Es dulce y abrasadora cuando aspira sus erres: “Quando olhei a terra ardendo com a fogueira de São João, entonce eu disse: adeus, Hermeto, guarda contigo meu coração”, absolutamente poseída, golpea el piano al cierre; es divina y suave en “Corcovado”, y en “Garota de Ipanema”, otro clásico, es poderosa e irreverente sobre las variaciones locas y profundas que Hermeto marca debajo de esa espesa cabellera blanca. Juntos han llevado estas piezas a otro nivel interpretativo. Lo saben: se van del escenario dando de brincos.
Las lenguas de doble filo dicen que Elis Regina estaba descompuesta en ese palomazo, pues las condiciones musicales que imponía Hermeto estaban por encima de las armonías humanas. Bien, en realidad, esto lo cuenta el músico y periodista Arthur de Faria en su libro Elis Regina. Una biografía musical:
Cuando ella iba a entrar en la segunda parte de “Garota de Ipanema”, el acorde que Hermeto presentó casi la noqueó. Elis llegó a apretar los ojos en un segundo de inseguridad, pero la nota no perdió la afinación. Ella, impávido coloso, sigue rumbo al final. Concentradísima, ojos cerrados, reaccionando con una sonrisa a cada acorde de Hermeto. Cuando finalmente abre los párpados, está bizquísima. Algo que, en aquel momento de su vida, sólo sucedía en momentos de mucha tensión (Sergio Pujol, 2025).
Cuando acabo de ver la presentación, apago la tv con la convicción de que las versiones que este par hizo esa noche en Montreux son insuperables. Mientras me lavo los dientes pienso en cómo el Hermeto y mi Regina hicieron crecer “Asa branca”, un tema que en 1947 compusieron Luiz Gonzaga, conocido como “o rei do baião” (el rey del baião) por levantar la cresta de éste y otros ritmos que estructuran la familia del forró, género musical de alto arraigo en el nordeste de Brasil (sertão), y Humberto Teixeira, “o doutor do baião” (el doctor del baião), compositor al que igualmente se le debe la síntesis de la cultura del nordeste brasileño en su expresión musical.
En el tema de 1947 el protagonismo lo lleva el acordeón de Luiz Gonzaga, empotrado luego a una melodía que presenta a nuestros ojos la tierra y el ganado del sertão consumidos por el fuego, la sequía y el abandono de Dios, que todo permite, y al que se le pregunta “¿por qué tremenda crueldad?”:
“Quando olhei a terra ardendo
qual fogueira de São João
eu perguntei a Deus do céu, ai
por que tamanha judiação
eu perguntei a Deus do céu, ai
por que tamanha judiação”
Si la asa branca, un ave migratoria que recibe ese nombre por sus alitas blancas, se marcha a otra tierra (“Até mesmo a asa branca/ bateu asas do sertão”), ¿por qué no lo haría yo? Ésta es la historia del que ha sido obligado al desplazamiento; en su corazón guarda la esperanza de volver.
Viene a mi memoria una de las últimas cartas que el personaje Célio escribe a su madre en Ya ni se acuerda de mí, de Luiz Ruffato, quien también debe desprenderse de su tierra (Minas Gerais) para buscar otras nuevas oportunidades de vida en la gran ciudad, esto es São Paulo en la década de los 70:
Y en esos momentos entiendo la bronca del Fabinho, que siempre dice que no entiende porqué para ganarse la vida tenemos que irnos lejos de las personas que amamos. Pienso como él, que el mundo es muy injusto. Allá en Cataguases, cuando los hijos de los ricos se van a estudiar afuera, saben que tarde o temprano vuelven y van a ser médicos, ingenieros, dueños de fábricas, abogados. Pero nosotros, que somos pobres, nos vamos para no volver (p. 75).
“¿Por qué tenemos que ir tan lejos para estar acá?”
Charly García
Els Amics de les arts proponen algo así en “Louisiana o els camps de cotó”, una balada que también aborda la migración. Un hijo les hace llegar una epístola a sus padres desde Lousiana hasta a alguna parte de Cataluña, en esta carta les cuenta que no debió marcharse de esa manera tan impulsiva, pero que ahora todo va bien en su vida, tiene una casa linda y una familia hermosa; los invita a visitarlo cuando quieran aunque les advierte “si bien hay camas de sobra, avísenme con tiempo”. A pesar de que explícitamente parece que cumplió el famoso “sueño americano”, esta observación final me deja un sabor amargo en la boca (con todo y que la pasta que uso es de menta). A lo mejor es una sobreinterpretación de mi parte, pero Luisiana + campos de algodón me hace pensar en todo, menos en dicha.
No es un secreto que las plantaciones de algodón en Luisiana estuvieron ligadas a la esclavitud (lejana aunque semejante en algunos aspectos a la actual explotación migrante). Por ahí de 1850, de las 3.2 millones de personas esclavizadas, 1.8 millones eran explotadas en los campos de algodón (Lumen Learning). Una rola, también muy versionada, que recoge con mayor cercanía tanto el ambiente como la identidad de sus agricultores es “Cotton fields”, de Leadbelly. Tiene un verso clave: “puede sonar un poco gracioso, pero no hiciste mucho dinero”. Y es “gracioso” porque son buenas las chingas que se pegan quienes trabajan la tierra.

Algo que leo con frecuencia en los testimonios de los exiliados coincide en “un tipo de clasificación”: los que deshacen las valijas y los que no, de estos últimos es el personaje de “Asa branca”, quien le dice a su Rosita que ha de volver cuando la tierra sea fértil nuevamente:
“Hoje longe, muitas léguas
numa triste solidão
espero a chuva cair de novo
pra mim voltar ai pro meu sertão
[…]
Quando o verde dos teus olhos
se espalhar na plantação
eu te asseguro não chore não, viu
que eu voltarei, viu
meu coração”
¿Estoy llorando, otra vez, por esto o por el 27% de etanol que tiene el enjuague bucal?
Elis, essa mulher
Vuelvo a la versión de Elis-Hermeto para salir de mis propios pensamientos, que tanto daño me hacen (sobre todo en la noche). “La suya es la mejor”, me digo antes de apagar la lámpara. Cuando me siento en paz y tibia en mi cama, dudo de mi propia afirmación, que es sesgadamente cierta si el 30 de julio de 1941 no hubiera nacido la mujer de mi vida, Rosinha de Valença, quien también compartió escenario con Elis Regina.

Hay regístro fílmico de una presentación que hicieron juntas interpretando “Cana não dá no Canadá”, de Celinho do Trompete, quien, precisamente, participa con la trompeta y se avienta sus solazos increíbles. Esta grabación del 71 me debe mucho: ni un solo close-up a mis chicas, ahora sí que pura trompeta del Celinho.
Un momento muy bonito está registrado en No Fino da Bossa-Ao Vivo (1994); divertida, Elis presenta a Rosinha y a Baden Powell para interpretar “Tristeza em Mim”. Los aplausos revientan. Me imagino a Elis sonriendo tanto como en Montreux. Cuando pienso esto aparezco en la mañana en que ella murió. El testimonio de su abogado Samuel McDowell me conduce a 1982, sobre una calle del barrio de Jardins en São Paulo. Después de echar abajo la puerta, la encuentro inconsciente en su habitación; aunque la llevamos al hospital, se nos muere en los brazos.

Su canto fluye como si lo extraordinario fuera lo más común. Como si cantar fuera tan natural como hablar. O mejor aún, como sonreír (Nicolás Pichersky, 2025)
Aunque se dice que murió a causa de una sobredosis, mucho se rumora sobre un posible asesinato, pues tuvo siempre una actitud crítica frente a la dictadura militar de Brasil.
Apaguen todo
Allá voy de nuevo sobre mis pasos, prendo la lampara para vestirme y regresar a la tv: “Rosinha de Valença um violão em primeiro plano”… “buscar”.
Rosinha de Valença, el prodigio de Brasil. A los doce años ya tenía un dominio absoluto de la guitarra, instrumento al que llegó porque su hermano tocaba en un conjunto de la región. Desde entonces ya dejaba boquiabiertos a propios y extraños, al puro estilo sorjuaniano. De la casa a la radio y de la radio a los escenarios. ¿Es la mejor guitarrista de la historia? Obviamente. Mi mujer no necesita validación de ninguno, pero atención aquí, cuando el periodista Sérgio Porto se la presenta a una de las máximas autoridades de la guitarra, Baden Powell, este güey se queda estupefacto debido a “la fuerza de su toque y a la calidad de sus presentaciones”(Brasil Escola). Era 1963, Rosinha tenía recién 22 años, pero de inmediato comienza a trabajar con Powell. Sí, estoy hablando de Baden Powell, quien casi como cualquier cosa hizo coincidir el sonido popular con la escuela de la guitarra clásica. A él se debe la composición de piezas bellísimas que exigen una ejecución muy cabrona y muy sentida, una de ellas es “Samba triste”; la interpretación de 1970 en Alemania me parece muy poderosa, porque, contrario a otras que he escuchado de él mismo, ésta incorpora unas congas preciosas que le entran al quite según caen las cuerdas de Powell.
Otra es “Canto de Ossanha”, con letra de Vinícius de Moraes, canto como oración, fusión de ritmos, guitarra Powell para enmarcar el misterio de las contradicciones de los seres humanos. Una pieza en trance que rompe su hipnosis con abanicazo duro al cierre.
Baden Powell, un tipo que en visión y talento está a un costado de los fundadores de la bossa nova, Antônio Carlos Jobim, João Gilberto y Vinícius de Moraes, poeta y letrista.
“No insistas en clasificar mi comportamiento antimusical”
Hace tiempo, yo creo que como símbolo de amistad y cariño, Itzel López me pasó un tema de Stan Getz y João Gilberto, “Desafinado”. La escuché mucho durante los días de pandemia; inspirada por falsos cognados, imaginaba una letra con base en lo que me hacían sentir el ritmo de la música y el susurro de la melodía. Me parecía que se trataba de una canción de amor, dedicada a una mujer que le reclamaba al cantante su mala afinación; en su defensa, éste le decía que no por este detalle su amor valía menos: “en los pechos desafinados también late un corazón”. El tema cierra con un solito de sax de Getz, suave y calladito.
Aunque la letra no va de eso exactamente, Jobim y Newton Mendoça componen “Desafinado” como una defensa por la bosa nova, ese ritmo que se interpretaba por lo bajito de la voz y la guitarra:
Brasil entero se quedó sin palabras. Desafinado, de Antônio Carlos Jobim y Newton Mendonça, era toda una osadía musical. Los arreglos orquestales resultaban disonantes, la interpretación de João Gilberto parecía estar fuera de tono y la letra hacía referencias a cosas tan prosaicas e inusuales en las canciones de la época como una popular cámara de fotos: “fotografei você na minha Rolleiflex, revelou-se sua enorme ingratidão” (Edu Bravo, 2018).
“¡Basta de señores!…¿Qué hora es?”, me fijo en el celular. Ah, claro, la hora en que puedo decir que muchos géneros desarrollados en Brasil y varias técnicas que sofisticó la música académica cuando “se apropió” de la guitarra acústica alcanzan su mayor expresión, sentido, innovación y ejecución con Rosinha de Valença. Bueno, llegada a este punto, tal parece que el talento de Rosinha es sólo comparable a ella misma.
Valens, valentis
Valença es el nombre de su ciudad pero también de su carácter, viene del latín valens, que traducido al español significa “fuerza” o, por precisar mejor, “valiente”; agallas aventaba hasta para regalar esta mujer que tuvo que ponerle cuerpo y sonido a una escena musical dominada por el machismo.
Este apellido le fue dado por el mismo Sérgio Porto, quien rendido ante su genio solía decir que Valença era más que un homenaje a su tierra natal, se trataba de un derecho, puesto que ella cantaba por toda una ciudad (Mulher 500 Anos Atrás dos Panos).
El talento será nuestro blasón y venganza
La musicóloga Solana Marques Rovena se ha encargado de recuperar el trabajo y los aportes del prodigio de Valença. En 2025 publicó Rosinha de Valença. Uma biografia, un libro que significa un aporte importante ante la escasa, casi nula, existencia de fuentes sobre la obra de Rosinha. En una entrevista que ofrece en 2021 para CNN Brasil, Solana Marques cuenta que desde 2017 comenzó esta pesquisa por la compositora, quien, según sus palabras, fue una persona que se esforzó un montón, pues era una mujer de origen humilde que buscaba oportunidades a través de la guitarra en un contexto difícil. No obstante, su talento le fue dando reconocimiento: “Es considerada una de las más grandes instrumentistas y compositoras de Brasil, de la segunda generación de bossa nova, y una de las más grandes guitarristas del mundo”(Kamille Viola, 2021).
Y basta ver la trayectoria que, en menos de una década, libera su destello para poder dimensionarlo: si en 1963 estaba recién pisando Río de Janeiro, ya para 1970 había dado conciertos en la URSS (Requiescat in pace), algunos países de África y en el mil veces infame y malnacido estado de israel. Durante estos años Rosinha se volvió una celebridad en todo Brasil (Mulher 500 Anos Atrás dos Panos).

Una de las muchas personas con las que Solana Marques dialoga para ir tras la pista de Maria Rosa Canellas, el verdadero nombre de Rosinha, es la sambista Leci Brandão; ésta le cuenta que ella misma padeció del machismo que imperaba en el medio; sin embargo, Rosinha ya hacía tronar sus chicharrones: “Rosinha era una persona respetada. Era una mujer que tocaba una guitarra diferente. Tocaba muy bien […] Se sentaba, tocaba la guitarra y luego se iba” (Kamille Viola, 2021).

Sólo queda ir hacia adelante: reproducir
Es así como llego otra vez a “Asa branca”, el primer tema de su álbum Um Violão em Primeiro Plano (1971). ¿Qué chingados estoy escuchando? Ah, sí, la mejor versión de la historia. Abre el tema con un trémolo que pudieron haber tocado Tárrega o el mamón de Segovia, pero no les fue dada la visión de la mixura, lo que para ellos es una pieza completa con una técnica musical, Rosinha lo toma como un elemento introductorio constitutivo de una obra que apuesta por la mezcla entre la precisión academica y la entraña popular; algo que me llama mucho la atención son esos adornos (los llamaré así) al inicio, me recuerdan mucho a las introducciones de la canción ranchera mexicana. En efecto, ya estoy en la cúspide del insomnio. ¿Y esas voces qué son? Claro, los coros que salen, justamente, detrás de esos adornos a los que me refiero, los cuales aterrizan en la melodía principal de “Asa branca”. Cuando advierto una especie de silencio mágico en la pieza, Rosinha la revienta, saca una orquesta y echa samba y jazz para prender el tiempo, pero un rato no más; regresa al trémolo, al adorno, a la melodía y a las voces como púrpuras para matarnos al tema y a mí.
“London, London” muy chido, Caetano (“Ningún afernoon, ni ningún hello. Aquí tú hablas portugués” quisiera decirle. “I´m lonely in London”, y cómo no, si hasta yo me siento alienada con un chingo de gringismo en la Lagu). Pero “London, London” de la más valiente de Valença da en el exilio, vuelve falsa la premisa de que lo tropical es feliz, las cuerdas todas logran ese efecto: unas tiran para la dulzura, otras para lo jocoso, pero cuando se encuentran me dan para abajo. Qué bueno que la pieza no dura más porque me pondría a llorar otra vez.
Y así hace en todos los temas: mejorarlos, crecerlos. Es lugar común decir esto, pero ahí caigo: cada vez que Rosinha suena, es una diferente, una que me muestra siempre novedad en un tema por demás escuchado y supuestamente conocido. Por eso repito “Zanzibar” y “Boi-Ta-tá”, duran menos de tres minutos, pero me provocan tanto que no termino de sentir lo que estoy sintiendo. Qué bonita se te oye la voz, Rosinha, a esta hora y sólo con la luz que nace de la tapa de tu álbum en la tv.
“La sospecha es el primer disfraz [que viste] la fe”
Mishima (el grupo)
Sé que Rosinha no tuvo hijos ni tampoco he hallado información sobre sus parejas. Eso me hace ilusión, y también pensar en los versos de “Pro Amor de Amsterdam”, un tema que compuso con Martinho da Vila, éstos hablan del ambiente queer de un bar de Países Bajos:
“Ojo verde y negro,
cabello liso y rizado sensual,
manos negras en un cuerpo ario de Ámsterdam,
muchachas en el aparador;
es normal el sonido en el club gay”
¿Qué?, ¿son ésas tus manos, Rosinha? Afortunadamente, ni naciendo diez veces podría ser aria pero tengo los ojos casi negros y el cabello liso, ¿es que estamos en ese club?
Obstinada, prendo la computadora para repetir una búsqueda que me da siempre los mismos resultados desfavorables. Si ChatGPT fuera una persona, lo tendría de cabeza sostenido por los tobillos hasta hacerle sacar alguna información hecha a mi gusto, pero nada obtengo. Tal vez en el libro de Solana haya algún dato al respecto, pero ahorita de dónde voy a sacar el chingado libro estando, además, en el mero centro de Iztacalco. “¡Ah, ya sé!, le voy a escribir a Isa”, tipeo: “¿Qué onda, Isa?, ¿cómo va todo?, ¿sabes si Rosinha de Valença era lesbiana?”, pero qué hora es, no, imposible, es muy temprano para todas, pero tan tarde también para nosotras, Rosinha. 💔
Digo lo que callo, canto lo que amo
“Y te sentías abeja reina
que ambicionabas,
abeja reina,
una colmena,
abeja reina,
de oro y seda”
King Clave-La Original Banda El Limón de Salvador Lizárraga
Este afán no responde únicamente a un deseo nacido por la atracción que siento por una mujer y, en consecuencia, quererla lesbiana para acortar, con mayor facilidad, la brecha entre las dos; eso no siempre dirige a placenteras locaciones que una se imagina, pero entretiene.
El empecinamiento que tengo está animado, casi diría que sostenido, por Maria Bethânia. Quien se soñara actriz arriba de los escenarios, terminó siendo alfa y omega de la Música Popular Brasileña (MPB), desde luego que apoyada por las precursoras que le fueron abriendo cancha, pues a pesar de que “el arte vocal brasileño es por tradición femenino”, tuvo sus dificultades:
El protagonismo de la mujer en la historia de la Música Popular Brasileña tiene ejes que atraviesan las épocas y los mandatos. Desde la compositora Chiquinha Gonzaga, una pionera que desafió los parámetros de conducta reservados a los músicos académicos y allá por 1870 derribó la frontera de la corrección erudita componiendo choros, maxixes (antecedente del samba) y la que está considerada la primera marcha carnavalesca (O Abre alas, de 1899). Según los diferentes períodos, la mujer ocupó diversos espacios. Primero el ritual, del que son un ejemplo las llamadas Tías baianas con Ciata a la cabeza -celebrando los encuentros donde nació el samba urbano- y luego el de la exposición, iniciado por las cantantes de la llamada Época dorada de la radio, las musas (Violeta Weinschelbaum, 2014, p.14).
Bethânia, en el país de las cantoras, es la “Abelha Rainha” (Abeja reina). Así es como la llaman tanto los críticos como, los más importantes en todo esto, la gente que la escucha.
En Marimba, Violeta Weinschelbaum, quien, a pesar de su prematura muerte, no ha dejado de ser una autoridad en la música brasileña, publicó un artículo que reconstruye el recorrido musical de Maria Bethânia, formada primero desde lo familiar, no sólo por el impulso que le dio Caetano Veloso, su hermano mayor, sino también por su madre:
De ella fue la mano que meció la cuna al son de ancestrales sambas, que también se oían en improvisadas rodas en la cocina familiar, junto a Dona Edith do Prato, que llevaba en su nombre el don de acompañarse con un plato de loza raspado por un cuchillo. Era su madre también quien encendía la radio para escuchar las voces de Orlando Silva, Aracy de Almeida y Silvio Caldas, entre las primeras que inspiraron a la niña Bethânia. Entre esas voces hubo una en particular que la subyugó, de la radio a la vitrola, y por la que despertó su primera vocación de actriz: Dalva de Oliveira (Violeta Weinschelbaum, 2014, p.14).
A ella se sumarán Judy Garland y Maria Callas como influencias importantes.
Si, Roshina, pudieras decir lo que amas
Por supuesto que, como muchas figuras destacadas, Maria Bethânia tuvo colaboraciones musicales (hasta ahora sólo se puede decir eso) con Rosinha de Valença (cómo me gusta escribir su nombre completo). Sí, (se) tocaron juntas.

Es estío, temporada obligada para descubrir las piernas y tenderlas en la arena, cuando Rosinha, partera y madre, pone sus manos y sus ovarios para que Bethânia dé a luz, un día diciembre de 1978, a Álibi. ¿Manos y ovarios? Sí, ¿adivinen quién lleva la guitarra en todos los temas? No está demás decir que en “Diamante Verdadeiro” y “Sonho Meu”, Rosinha participa con el cavaquinho, un instrumento también de cuerda, muy parecido al ukulele, en su tamaño, y al requinto, según mi instinto, en su sonido.

Este álbum es un hito por varios flancos; además de haber sido el primer material hecho por una mujer (lesbiana) en vender un millón de copias, contó con letras de Chico Buarque, Gilberto Gil, Dona Ivone Lara et al. Ningún tema deja indiferente a quien ama escuchar, pero quiero hacer hincapié en “Sonho Meu”. Fíjense qué pedazo de escena sonora: la voz grave de Bethânia acompañada de la clara suavidad de Gal Costa, con las cuerdas agudas que rasga Rosinha, ¿qué más quieren, cabronas?

Tanto en el segundo tema como al mero final del álbum, se prenden mi sospecha y mi capricho. Rosinha compone y escribe “Interior”, pieza de cierre, como un regalo para la abeja de abejas. La letra que escribe Rosinha mantiene un tono familiar. Es el llamado a la hermana menor para pedirle que le haga llegar pasto, lluvia, el sabor de la comida y una bendición; es decir, su arraigo. La armónica y unos arpegios taciturnos construyen, con esta invocación a la memoria, la identidad. Eso que una misma es resulta ser la pieza que Rosinha regala a Maria Bethânia, es como decir “toma todo esto que soy”. Definitivamente, este gesto posee mayor valor que una pinchurrienta declaración de amor explícita. Pero más allá de mi imaginación, lo cierto es que Rosinha nunca antes grabó
Interior para su propia discografía, tal vez por haber compuesto la música para Maria Bethânia […] la grabación original de Interior fue hecha naturalmente con el toque de la guitarra de Rosinha de Valença […] Por ser una música tan personal en el universo de Maria Bethânia, Interior fue vuelta a grabar en un disco que pensó y produjo Bethânia […] para celebrar la vida y obra de Rosinha de Valença (Namorando a rosa (2004)] en el año de su muerte (Mauro Ferreira, 2020).
“Pero ten presente,
de acuerdo a la experiencia,
que tan sólo se odia
lo querido”
Barreto-Julio Jaramillo
“Álibi” fue compuesta por Djavan, y elegida por Bethânia para que formara parte del álbum y, además, le diera nombre. “¿Es el regalo que da a Rosinha?”, me dice mi imaginación. No estoy tratando de amarrar navajas, sólo me dejo llevar por una letra que habla del deseo. Y por supuesto que si tuviera a Rosinha tocando en la sala de la casa, la miraría de esa misma manera como lo hace Bethânia, pero no por lesbiana, qué va, pura admiración nomás.
La voz de Bethânia me conmueve con mucha facilidad, con “As Canções Que Você Fez Pra Mim” y “Reconvexo” qué ganas me dan de amarla o de llorar. Si luego una mira su carita preciosa en la tapa de Sem Limite (2001), ya está perdida. De Gal Costa ni hablar, me parece hermoso Gal Tropical (1979), “Força estranha” me destruye. Cuando acaba la canción, la termina así como una tajada, y yo siento que me deja abierta, qué triste. ¡Las odio!, las odio porque yo no puedo, como Krishna puede, amarlas a todas a la vez.
Lesbiana mayúscula de Brasil
A Bethânia también me gustaría ponerle epíteto de “lesbiana mayúscula de Brasil”, pero no se puede; me atrevo a decir que ese lugar le corresponde a Cássia Eller.
En uno de esos días hermosos de mi existencia, hernán me llevó a casa de Agus para salir al río; al regreso, entre tantas piezas que pusieron, sonó Cássia Eller. hernán, que es un enciclopedia encarnada en hombre, me dio un resumen completo de la obra y vida de esta mujer. Vimos algunos temas que interpretó en el festival Rock in Rio; uno de ellos fue la versión de “Come together”, ensamblada con un chingo de percusiones, y creo que por ello mismo más enérgica y más carnal, tanto así que mientras va cantando los últimos versos de la tercera estrofa, Cássia se levanta la playera para enmarcar sus hermosos senos con sus manos. Ya está de sobra decir que ella tiene una presencia escénica muy firme; solar tras el micrófono. En términos técnicos, la crítica dirá que el rango de su voz es contralto, pero esa palabra no hace mucha justicia, porque eclipsa otras maneras de nombrarla: grave, bronca, profunda, limpia en cada uno de sus desgarros. Esa belleza queda clara en el cover que hace de otra enorme, la señora Edith Piaf; creo que en Acústico MTV (2001) es donde una puede detenerse a sentir la voz de Cássia, tanto su fuerza rockera como su dulzura, “O Segundo Sol” da testimonio de esto.
Para mi gusto, un material donde da cátedra de talento y vitalidad lésbica es el que echa a andar con Victor Biglione In blues. Lo que he averiguado es que ese trabajo se grabó en 1992 (chulada de año), pero quedó archivado porque, por ese tiempo, Cássia tenía muchos proyectos en puerta. En 2022 Universal Music decide rescatar y remasterizar las sesiones originales para lanzarlo postumamente al gran público, este evento se vuelve una forma de celebrar el aniversario número 60 de Cássia Eller.
El trabajo es tan bueno que al año siguiente recibe el Prêmio da Música Brasileira en la categoría Lançamento em Língua Estrangeira,
la crítica destacó el equilibrio entre fuerza y sensibilización, y el público celebró y se reencontró con la voz que marcó generaciones. Más que un rescate, In blues es un testamento de que el tiempo no apaga la verdad de una interpretación. Cássia Eller sigue viva en cada nota, en cada suspiro entre versos, en cada solo que Biglione suelta (Omar Santos Junior, 2025).
Ya en “Blues Da Piedade” (Veneno Antimonotonia, 1997) había dado una calada a su perfil blusero. Igualmente en In Blues versiona buenas joyas, como el clásico “(I´m Your) Hoochi Coochie Man”, de Muddy Waters; en “Same Old Blues” su registro me remite a la Janis de “Piece of my heart”, mientras que en “When Sunny Get’s Blue”, a Nina Simone. De ese tamaño es su voz.
Veredicto
Voy a pasar por alto la estadía que Rosinha tuvo en París, durante cuatro años (1888-1992), con el compositor y musicólogo Turíbio Santos. Las fuentes dicen, por cierto, que ambos sólo tuvieron una profunda amistad…pero qué tontería, ni que fuera historiadora para dejar huecos vacíos; además, si fuera cierto, eso ya a nadie le importa, ¿a quién le importa?, ¿en qué año estoy?, ¿qué hora es?

Si el único acceso a esclarecer esta duda a mi favor es mi pensamiento mágico-religioso, esta noche emito el siguiente fallo: sí, Rosinha de Valença es lesbiana, lo concreto del modo en que lo necesito y me invento que “Pro Amor de Amsterdam” habla de las dos.
Mujer en primer plano
También a Joaquín Rodrigo le recompone la plana. “El concierto de Aranjuez” de Rosinha de Valença está por encima del músico que me digan, este clásico de la guitarra española madura en las manos, por supuesto, de Rosinha de Valença.
El álbum cierra con una composición propia, “Tema espanhol”, pero ojo acá, no en vano el grupo consonántico “nh” sustituye a la “ñ”, joya de la hispanidad en peligro de extinción. ¿Samba flamenco?, Rosinha, ¿qué me estás haciendo?, tremolo flamenco, falseta, acordes en escala que llaman frigia, un viento español casi de paso doble en fiesta brava brasilera. Permiso, maestro Paco, que está pasando Rosinha de Valença. ¿Conquista el mundo? Yo creo que sí. Tengo la convicción de que su consagración en ese disco inicia con “Asa Branca” pero al cierre da una buena repasada a la guitarra española.
¿Me habría molestado no conciliar el sueño a causa de estar escuchando en nuestra habitación cómo componía esta pieza? En absoluto. Por favor, si me fue dado un vientre, fue para ser moisés de su descendencia, y mis pechos qué otra función tendrían, distantes de su boca, sino amamantar a nuestros hijos. Con gusto sería para ella la mujer que el Temach quisiera para él (viejo ridículo).
Cuando acaba el tema ya tengo claro que Rosinha reescribió el código genético de la guitarra acústica. Recomiendo escuchar el álbum dos veces seguidas porque acaba muy pronto.
“Lázaro, sal fuera[…]
—Quítenle las vendas y dejen que se vaya —dijo Jesús”
Libro de Juan
En “Summertime” ya está atentando contra un principio divino, según el cual sólo a Dios le es dada la facultad de dar y quitar la vida, y luego hacernos volver a ella. Pues Rosinha se brinca este mandato, y mata y regresa a la vida la composición de George Gershwin. Escuchen las dos versiones si no. ¿Es esto una provocación? No es la intención, pero acá va otra:
La versión de Rosinha me hace pensar dos cosas: una, que si Frank Zappa la hubiera escuchado antes de sacar Hot rats (1969) habrían pasados dos eventos: se caga para dentro y “Peaches in Regalia” hubiera sido más fascinante; digo esto porque, a pesar de que los temas de Um violão em Primerio Plano son breves (el más largo no dura ni 4 minutos y medio), la guitarrista es paciente y concreta el ritmo, usa lo mínimo para llevar la música al máximo. Podría pensarse lo contrario, que a mayor tiempo, mayor oportunidad para proponer atmósferas. Lo interesante es que sin valerse, como Zappa, de elementos y técnicas profusas, llevadas a una exploración loca y magistral, define y avanza como maestra. Ese equilibrio entre brevedad y contundencia es el germen de todo lo que aspira a lo poético. ¿Qué tiene que ver Zappa acá? No sé, “Summertime” me hizo acordar de él.
En lo otro que pienso es en “Jorge de Capadócia”, de Jorge Ben Jor, me remito a él por las evidentes limitaciones de mi educación musical, pero me resuena un montón en la cabeza.
Casi no escucho “Summertime” cuando voy por la calle, porque me nacen unas ganas de querer arrojarme a Avenida Universidad desde el techo más alto de uno de los edificios que la cercan y caer echada con la cara sobre el piso sin morirme. La música de Rosinha es para vivir en la mera cumbre.
“Conversa em conversa” (en su versión de estudio) quizás es la que menos me agrade porque soy idiota, puede ser, pero también porque la prefiero más híbrida, más atrevida, como aquella vez que nos conocimos en Ámsterdam y me exigía atención a los cambios y a las introducciones. Estábamos bailando en ese club gay una música potente, qué importa cuál, con ella bailo lo que sea; no porque yo domine todos los canónicos pasos de baile, sino porque tengo de mi lado una enseñanza suprema de Gloria Contreras.
El ritmo viene dese aquí
Durante una presentación con motivo del aniversario del taller coreográfico de la UNAM y el homenaje a Contreras, se presentó la coreografía que ella hizo para la Consagración de la primavera, de Stravinsky; además de haber conocido personalmente al compositor, Contreras dedicó mucho tiempo al estudio de la partitura para poder llevar el ballet a los puntos primitivos que pedía la obra.
Antes de que salieran a escena músicos y bailarines, proyectaron un pequeño video de algunos ensayos y testimonios, ahí Contreras da la llave para bailar. Al corregir varias veces a una de sus bailarinas, detiene la música, se le acerca y le dice: “tienes que sentirlo desde aquí, tienes que bailar desde el sexo”.
Así bailamos Rosinha y yo. Un poco al margen del club para no aparecer al otro día en primera plana como el más importante (y único) escándalo de su vida.
Respetuosa de sustradiciones, la prefiero en “O samba minha terra”. Me da gracia al principio por ese sonido que aparece atrasito de su voz, es semejante al de un vidrio cuando se limpia con afán. Si no me equivoco, es una cuica; el sonido que produce su fricción es característico de la música brasileña.

Sin embargo, si no es muy tarde para cejar la marcha, la interpretación en vivo de “Conversa em conversa” me hace cambiar de parecer; así como soy, siempre escupiendo para arriba, se vuelve también mi favorita.
“Huyo de ti, vuelvo a ti, sueño contigo, sólo contigo”
Qué bueno que Gilberto Gil pautó “One O’Clock Last Morning, 20th April 1970” para que Rosinha la acabara con delicia. Cuando está sonando me voy quedando dormida, creo que nos sueño; me siento triste por todas las veces que nos hemos negado, le digo así: “te entrego el licor de mi barrio y mi lengua y su acento en todas las caricias que te doy”. Ella me mira con sus hermosos ojos y me apunta con el brazo de su guitarra, está sentada delante de un fondo blanco: es una mujer en primer en plano; “bajo la sombra de tu pelo crespo quiero amarte, prodigio de Valença”. Me esfuerzo por hacerme entender cuando se lo digo, ella comienza a reírse pero me dice: “Quando eu vou falar, falo de você. Falo sem parar, não sei porque, quando eu vou olhar, olho pra você. Penso sem parar só em você. Você diz sim de uma maneira que até parece brincadeira. Volto pra você, fujo de você, sonho com você, só com você”. ¿Qué?, esta confesión de amor que me hace Rosinha es la más significativa de mi vida; escucho unos picados que vienen de ella, los siento adentro en mis pulmones hasta que el aplauso me regresa a este espacio negro que ilumina la imagen de la tv: se trata de Sylvia Telles y Rosinha interpretando el “Samba torto”, otra vez en Europa, chingada madre. “Qué hermosas las tres, quiero decir, la dos, las dos”; el lapsus me descubre que estoy llevando ya muy lejos esta fantasía.

Mientras vuelvo a la cama pienso que este relato necesita un cierre, uno que de preferencia no sea doloroso. Pero no es posible eso: nuestro amor se vio interrumpido porque, en el mismo año de mi nacimiento, Rosinha sufrió un paro cardiaco que repercutió en su cerebro y la dejó en estado vegetativo por doce años.
A partir de entonces, el único movimiento era el de sus ojos. Se la pasaba en un cuarto que estaba en casa de su hermana, “una mandolina y una guitarra, al lado de la cama, le hacían compañía” (Mulher 500 Anos Atrás dos Panos). Si bien el ayuntamiento de Valença cubría el pago de dos enfermeras, su familia tuvo que sortear diversas dificultades económicas. Durante los dos primeros años que pasó en coma, algunos artistas se reunieron para organizar eventos con la intención de recaudar fondos; pero después, el ánimo decayó y las esporádicas visitas que Rosinha recibía se acabaron. Ya la habían olvidado.
Pese al dolor que sus hermanas siempre sintieron por ver a Rosinha en ese estado, jamás optaron por la eutanasia; de hecho, contaban con una autorización judicial para poder llevarla a cabo. Muchas amigas se cuestionaban si Rosinha estaba o no consciente de lo que pasaba a su alrededor. “Hay quienes recuerdan haber descubierto, algunas veces, lágrimas que le escurrían por su rostro” (Mulher 500 Anos Atrás dos Panos).

A los 62 años fue enterrada sin que acudiera ningún artista famoso; Rosinha, la mujer que dejó su talento y emoción por donde anduvo, finalmente descansó. Se liberó, así, de la inmovilidad, sobre todo de la de sus manos, que la ayudaron a construir su trayectoria de vida y a escribir, en clave femenina, la historia de la música brasileña (Mulher 500 Anos Atrás dos Panos).
Antes de dormirme pienso en ella; no volverá a nacer nadie igual, ni yo misma volveré a soñarla como la soñé. Quisiera evadirlo, pero me duele mucho su final aunque también me asombra su resistencia.
“Hace mucho que no rezo”, pienso, “ya no soy mucho de rezar pero quiero pedir por você”: “adeus, Rosinha, guarda contigo meu coração”. A una mujer brava, más brava que buena, pero tan buena como buena, hay que rezarle, como le sugiere el Papa a Emanuele. Gracias, Rosinha, por tu valentía.

Referencias
Brasil Escola (s.f.). “Rosinha de Valença”. Disponible en https://brasilescola.uol.com.br/biografia/rosinha-valenca.htm
Bravo, Edu (12 de agosto de 2018). “Bossa nova, 60 años desafinando”, en Vanity Fair. Disponible en https://www.revistavanityfair.es/poder/articulos/bossa-nova-historia-60-aniversario-desafinado-joao-gilberto/32827
Ferreira, Mauro (12 de septiembre de 2020). “Músicas para descobrir em casa – ‘Interior’ (Rosinha de Valença, 1978) com Maria Bethânia”, en g1. Dispoible en https://g1.globo.com/pop-arte/musica/blog/mauro-ferreira/post/2020/09/12/musicas-para-descobrir-em-casa-interior-rosinha-de-valenca-1978-com-maria-bethania.ghtml
Lumen Learning. “The Cotton Revolution”. Disponible en https://courses.lumenlearning.com/wm-ushistory1/chapter/the-cotton-revolution/
Mulher 500 Anos Atrás dos Panos (s.f.). “Rosinha de Valença (1941-2004)”. Disponible en http://www.mulher500.org.br/rosinha-de-valenca-1941-2004/
Santos Junior, Omar (30 de octubre de 2025). “Cássia Eller & Victor Biglione – In Blues: a alma azul de uma voz eterna”, en Todo Dia Um Blues. Disponible en https://www.tododiaumblues.com.br/p/sobre.html
Pichersky, Nicolás (2025). “El misterio profundo de Elis Regina: murió por sobredosis y cantaba riendo”, en Clarín. Disponible en https://www.clarin.com/espectaculos/misterio-profundo-cantante-brasilena-murio-sobredosis-cantaba-riendo_0_3AuRBHpZwL.html#google_vignette
Pujol, Sergio (2025). “El hombre orquesta”, en La Agenda. Revista. Disponible en https://laagenda.buenosaires.gob.ar/contenido/90081-el-hombre-orquesta
Ruffato, Luiz (2022). trad. Magdalena González Almada y Leticia González Almada. Ya ni se acuerda de mí, Córdoba, Portaculturas
Viola, Kamille (30 de julio de 2021). “Rosinha de Valença, a violonista que fez o machismo se curvar a seu talento”, en CNN Basil. Disponible en https://www.cnnbrasil.com.br/pop/musica/rosinha-de-valenca-a-violonista-que-fez-o-machismo-se-curvar-a-seu-talento/
Weinschelbaum, Violeta (2014). “Mujer al borde”, en Marimba, Año 2, Núm. 2, pp. 10-21. Disponible en https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2024/09/Marimba-2.pdf

Deja un comentario