MIXCOACALLI

Donde se guarda la música

Aquí y allá. Kibrom Birhane 

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6–8 minutos

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El arco 

Del Jazz se ha escrito tanto… quizá sea el género más escuchado y modificado a través del tiempo, que una piensa ¿qué más se puede decir? Sabemos que son ritmos africanos, que en un tiempo, con las big bands y el swing, se blanquearon, y que por eso mismo tuvieron que ser reclamados de vuelta, por esas manos, voces y cuerpos negros; Charlie Parker (más vertiginoso) y Miles Davis (más abstracto) haciendo un jazz para oír y sumergirse en la profundidad de lo meramente humano, de un dolor venido desde un lejano Tennessee, pues todos los sonidos negros están emparentados. Y como toda tendencia exige una ruptura, llegó más tarde una irreverencia salvaje, política, revolucionaria con el funk, figuras como James Brown, y toda esa época de oro de mucha rabia.

El camino 

No importa la zona geográfica, estos ritmos son tan universales como el cuerpo lo es, y por eso nos remiten al origen, al quid de las cosas.

Fueron de mano en mano, les ponían, les quitaban. Después de cruzado el mar en barcos llenos de ratas y violencia, fue haciéndose cuerpo, haciéndose voz en los «remotos» tiempos de la esclavitud, para terminar cayendo por las escaleras, deslizándose por el rabillo de la puerta; creciendo como diente de león en la hendidura de una banqueta; su rastro debajo de las suelas de algún zapato con prisa; apareciendo como la mosca en el plato en una fonda económica, se fue por el fregadero de trastes, llegó a un bar de yardas 2×1; en una pizzería italiana, voló con el aroma de la albahaca, se confundió con el olor a perfumes fraiché, viajó en camión, en el metro de Nueva York y algún guajoltero, para llegar a los humedales de un lugar escondido a través del excremento de un ave migratoria, en los caminos a tierra seca, donde los talones andan agrietados; y terminó al lado del fuego, donde baila la gente que sueña despierta, quiero decir: ha tomado algo de todo el mundo, pero siempre conservó su origen.

El instrumento 

El jazz, que antes tenía una base, invariablemente, de piano, ahora de cualquier instrumento, muchas veces de percusión, que recuerde a los latidos humanos, que nunca deben parar; ha variado en toda su instrumentación; desde que se utilizaran sólo vientos agudos, medios y graves (estos últimos para emular los bajos), hasta las técnicas extendidas de todo tipo de percusión, cuerdas y trompetas, que permitieron mayor orden dentro del caos. Asimismo, surgieron múltiples estilos, en relación con el pulso, anclado a una melodía constante; y al ritmo, la manipulación de la síncopa, lo que hizo posible la improvisación. El jazz de Nueva Orleans, caótico y saturado, dio paso al swing orquestado; el bebop optó por pequeños grupos y un fast up-tempo o como también se dice «a todo gas» (burnin’ o cooking; un ejemplo es el mencionado Parker o Dizzy Gillespie). Se integraron ritmos como el blues, el gospel, el r&b, el funk, abriendo camino al free jazz, cuyo representante más visible es Jhon Coltrane, quien sentara las bases de muchas de las cosas que se siguen haciendo hoy. El jazz fusión es de los más populares, Herbie Hancock y bandas como Ezra Collective podrían ponerse esta etiqueta, que combina sonidos de «rock» con aspectos de lo que se conoce como Nu jazz: sintetizadores, música electrónica, trip hop, house. Por su parte, la tradición latina del jazz edificó a figuras como Tito Puente, la bossa nova de Stan Getz o João Gilberto cuyas bases sentara el inigualable Pixinguinha (cuentan que una vez fue plagiado por Milhaud, y no le dio mucha importancia). Figuras como Nina Simone, atravesaron todos los ejes del jazz, creando un estilo lleno de estilos. Y todos estos estilos, aunados al ritmo con base el tiempo (groove, jump blues, ragtime), nos ofrecen un universo intergaláctico infinito.

El destino

En ese entendido estoy, cuando aparece en mi aleatorio musical “Mender” de Kibron Birhane, y me doy cuenta: el jazz volvió al principio, pero no haciendo tabula rasa. Acaso este disco maravilloso, haya sido posible por todo este camino, pero sobre todo por el jazz musulmán: Pharoah Sanders, principalmente, e Idris Muhamad, además de, por la más elevada de todas, Alice Coltrane. Noto una búsqueda parecida en Etuk Ubong, en Amaro Freitas y en Kamasi Washington (aunque a este último se le nota mucho lo Washington, como a los otros, el África y lo brasileiro vivísimo, aspectos ineludibles).

Here And There, en una primera escucha, parece un disco como aquellos de recopilación de los trabajos sobresalientes de una carrera (The best of…), en que no existe relación entre una canción y otra, por la variabilidad de estilos, ritmos y atmósferas, pero entre más lo escuchas, adviertes la línea temática: el origen; y la instrumental: las trompetas y lo que hace que se catalogue como Ethio-jazz, que se relaciona con lo primero. 

En cuanto al “origen” están los ritmos variables y ancestrales ligados a la improvisación, en aquello “instrumental” están las trompetas, en las que encontramos el lugar seguro, alrededor de ellas o para que habiten ellas, existe una doble base, la batería y la guitarra sobre todo, pero ocurre de manera constante que, a partir de ello, surgen ritmos nuevos, que después permanecen, se convierten en melodía dentro de la canción, y vuelve a sobresalir algún otro ritmo o instrumento dejando atrás, o asimilado, a otro: ¿Como un espiral? ¿Como un electrocardiograma? ¿como un baile de break dance? ¿como una danza ritual?

En la canción “Digis” la guitarra entra de lleno con unos acordes que permanecen, sobre los que se une la batería, asimilada ya al entrar las trompetas con una nueva melodía intermitente; la improvisación la llevan las congas o bongós; varias de las canciones del álbum vuelven a este sonido primigenio llegando al final, como “Maleda”, un funk, con una base de batería y bajo, melodía de trompetas, cambios casi improvisados por parte del teclado y el saxofón.

Otros estilos se pueden escuchar en “Merkato”, un funk suave, suave porque no hay estridencia, sino cierto grado de sonido opaco para hacer resaltar las trompetas y la guitarra, que le dan el tono alegre, chacharero, de ir entre los puestos de hierbas, los trastes, la ropa, frutas y verduras de temporada; mientras la base de batería sostiene una guitarra bailarina, una mueve los hombros a la cadencia de esa armonía (sinónimo, a veces, de felicidad) ligera, para luego ser potenciada por la trompeta, esta vez, a coro; “Weleta”, por su parte, es una canción de trompetas, con una sutil percusión (claves) acompañándolas: ¿por qué suenan tan misteriosas? ¿Es el teclado grave que sigue el paso de alguien entre pasillos de calles angostas, de algún barrio perdido en el mapa?; en “Ethipia”, un paisaje abierto, ventoso, naranja o amarillo, en el que Birhane impone la sensación de “esperanza”; en “Tinish tinish”, canción particular, tiene mucha percusión, con destellos de psicodelia, voces de vocoder y pendulum (eso que lleva drum and bass con rock electrónico, industrial y breakbeat).

Los instrumentos de percusión, tan sobresalientes en el disco como los vientos, son los bongós, congas y tumba: claves para crear ritmos hipnóticos y síncopas del funk clásico; shakers, panderetas y otras, utilizados para dar esa sensación de «trance» espiritual que caracteriza al álbum.

Here And There es el tercer álbum del compositor, publicado en  junio de 2022 en el sello Flying Carpet Records, en él, Birhane toca el piano, el órgano, piano eléctrico, vocoder, krar (lira tradicional etíope) y voz, fusiona las raíces musicales etíopes, el funk, el jazz espiritual, la psicodelia y el soul. Es un disco hecho con mucho corazón, quizá porque hay una clara postura sobre el tema de lo identitario, mastil al que se hace una mente para no naufragar, específicamente en esta época de desarraigo que experimentamos. Por eso y más razones ocultas, en espera de ser descubiertas por otros oídos, es el disco recomendado para esta temporada.

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